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27 de abril de 2013

SERIE: CONOCIENDO A UN AUTOR URUGUAYO (7)

JUAN JOSÉ MOROSOLI



Nació el 19 de enero de 1899, en la ciudad de Minas, departamento de Lavalleja. Su padre era un inmigrante suizo. Fue a la escuela hasta cuarto año, pues tuvo que abandonar las clases para ir a trabajar.
En 1920, luego de trabajar en la librería de su tío, se instaló, con un pequeño café. Poco tiempo después estableció el Café Suizo, en Minas, donde se reunía el legendario grupo de escritores minuanos integrado por: José María Cajarville, Valeriano Magri, Julio Casas Araujo y el propio Morosoli.
En ese período comenzó a fundar su literatura, en la que muestra un gran conocimiento del hombre del interior, tanto de campo como de pueblo.
Escribió poesía y teatro. Pero su narrativa lo destacó como uno de los más importantes escritores uruguayos.
Al comienzo de la década del ’30, publicó su libro Hombres, y así comienza su trayectoria, narrando situaciones ambientadas en el interior del país. Su obra relata anécdotas, describe paisajes y retrata personajes extraídos de su cotidianeidad.
En 1923, hizo sus primeras incursiones en el periodismo, actividad constante a lo largo de toda su vida, bajo el seudónimo "Pepe". A partir de entonces, colaboró con varias publicaciones, entre ellas: "La Unión", de Minas, "El Día", "Mundo Uruguayo" y "Marcha" de Montevideo.
Entre 1923 y 1928, escribe varias obras de teatro. En 1928, publicó dos libros de poemas: un volumen colectivo junto a Magri, Cajarville y Casas Araújo titulado Bajo la Misma Sombra, y otro unipersonal titulado Los Fuegos. En 1929 contrajo matrimonio. En 1936, se publica Los albañiles de Tapes. Esta obra y El viaje hacia el mar fueron llevadas al cine.
Morosoli falleció en Minas, el 29 de diciembre de 1957.

En nuestra Biblioteca tenemos un libro, cuyo título es: "CUENTOS COMPLETOS", donde se encuentra toda la producción literaria de este autor uruguayo.

14 de marzo de 2013

SERIE: CONOCIENDO A UN AUTOR URUGUAYO(7)



JUANA DE IBARBOUROU

Juana de América, es posiblemente la poetisa más excelsa del Uruguay, por lo menos la de más aclamo popular. Fue otorgada medalla de oro en prácticamente todos los países del Nuevo Mundo, y también recibió unas cuantas en el Viejo.
Nació en Melo en 1895 y murió en Montevideo en 1979
Es considerada una de las voces más personales de la lírica hispanoamericana de principios del siglo XX. Llamada originalmente Juana Fernández Morales, a los veinte años se casó con el capitán Lucas Ibarbourou, del cual adoptó el apellido con el que firmaría su obra.
Tres años después se trasladó a Montevideo, donde vivió desde entonces. Sus primeros poemas aparecieron en periódicos, principalmente en La Razón, de la capital uruguaya. Comenzó su larga travesía lírica con los poemarios Lenguas de diamante(1919), El cántaro fresco (1920) y Raíz salvaje (1922), todos ellos muy marcados por el modernismo, que expresó con abundancia de imágenes sensoriales y cromáticas, alusiones bíblicas y míticas, aunque siempre con un acento singular.
Su temática tiende a la exaltación sentimental de la entrega amorosa, de la maternidad, de la belleza física y de la naturaleza. Imprimió a sus poemas un erotismo que constituye una de las vertientes capitales de su producción. En 1929 fue proclamada "Juana de América" en el Palacio Legislativo del Uruguay, ceremonia que presidió el poeta "oficial" uruguayo, J. Zorrilla de San Martín, y que contó con la participación del ensayista mexicano Alfonso Reyes.
Poco a poco su poesía se fue despojando del ropaje modernista para ganar en efusión y sinceridad. En La rosa de los vientos (1930) se adentró en el vanguardismo, rozando incluso las imágenes surrealistas. Con Estampas de la Biblia, Loores de Nuestra Señora e Invocación a san Isidro, todos de 1934, iniciará en cambio un camino hacia la poesía mística.
De Ibarbourou se distingue por su expresión sencilla, pero de profundo sentimientos y significado. Por un lenguaje y una forma capaz de ser interpretada por el público en general. Para poder leer e interpretar algunas poetisas hay que ser poeta, pero no en el caso de esta uruguaya. Especialmente en sus tres primeros poemarios donde la alegría de vivir se entrelaza con la melancolía, la naturaleza de los campos con las travesuras de la impaciente juventud. Ya en los otros poemarios que siguen se pone más seria, más literaria, pero sigue siendo Juana de América.
En nuestra biblioteca están las obras completas de Juana. Es un material valiosísimo y muy lindo de leer.

28 de abril de 2012

CONOCIENDO UN AUTOR URUGUAYO (6)

HUGO BUREL (José Hugo Burel Guerra ) nació en Montevideo el 23 de marzo de 1951. Es escritor, periodista, publicitario, diseñador gráfico y Licenciado en Letras. Vivió su infancia y adolescencia en el barrio de Goes de Montevideo. Cursó la escuela primaria en el Colegio San José y la secundaria en el Liceo Misericordista. Realizó estudios preuniversitarios de abogacía en el Instituto Héctor Miranda. Desde pequeño dibujó y asistió a diversas academias. Completó un curso de dibujo publicitario en Continental School y concurrió durante un año a la Escuela de Artes Aplicadas, dependiente de la UTU. También incursionó en la música, improvisando temas de rock.
Ha publicado 18 libros de narrativa entre cuentos y novelas y ha ganado varios premios nacionales e internacionales entre los que se destacan el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional (1995), el Premio Lengua de Trapo de narrativa (Madrid, 2001), el Premio de Inéditos del MEC-Ministerio de Educación y Cultura (1995) y el Premio Bartolomé Hidalgo 2004. Recientemente conquistó dos veces el Primer Premio de narrativa del MEC con El corredor nocturno (Alfaguara, 2007) y El desfile salvaje (Alfaguara, 2009). En 2008 recibió el Florencio teatral a la mejor obra de autor nacional por La memoria de Borges. En diciembre de 2009 publicó Un día en la vida- Qué cantaron Los Beatles. En abril de 2010 apareció Diario de la arena, su última novela editada por Alfaguara.
En 2009 se estrenó en Buenos Aires y luego en Madrid y Montevideo la versión fílmica de su novela El corredor nocturno, dirigida por el español Gerardo Herrero y protagonizada por Miguel Angel Sola y Leonardo Sbaraglia.


En nuestra biblioteca tenemos algunas de sus obras. Hoy voy a destacar
EL DESFILE SALVAJE.
En esta obra cinco viejos amigos de la adolescencia despiden al líder del grupo que acaba de morir. El pasado, que también los convoca, se despliega en una ceremonia que más que despedida es un acertijo.
Esteban, el muerto, seductor irresistible, ambicioso sin escrúpulos y un triunfador en casi todas las lides de la vida, se empeñan en que no lo olviden.
Y aunque sus amigos no lo sospechan, han caído en una trampa sin retorno donde el pasado se hace presente a cada instante.
Al igual que en el El corredor nocturno, Hugo Burel narra una historia del mejor cuño de la novela negra, un inquietante thiller psicológico que atrapa sin respiro y en el que se impone con fuerza el deseo, intenso y tan humano, de no resignarse a vivir una única existencia.

9 de agosto de 2011

SERIE: CONOCIENDO A UN AUTOR URUGUAYO(5)


JAVIER DE VIANA
Nació y murió en Canelones (1868-1926). Bisnieto de Joaquín de Viana, primer gobernador de Montevideo, nieto e hijo de estancieros, vivió en la estancia paterna hasta los once años, sin saber leer ni escribir y sin más maestro que la naturaleza.
No obstante, se graduó en 1887 de bachiller en Letras y Ciencias y comenzó, luego estudios de Medicina que interrumpió 1891.
Dedicose después activamente al periodismo político, participando en los movimientos revolucionarios de 1886 y 1904.
Fruto de esas experiencias son: CRÓNICAS DE LA REVOLUCIÓN DEL QUEBRACHO y CON DIVISA BLANCA.
Escribió GAUCHA (1899),CAMPO (1896), GURÍ (1901). Una parte de su labor fue recogida en MACACHINES (1910), LEÑA SECA (1911) y YUYOS (1912). Estos libros y los siguientes están formados por cuentos breves.

Aquí dejo uno de esos cuentos:

ÚLTIMA CAMPAÑA

-Siguiendo el Avestruz abajo, abajo, como quien va pal Olimar... ¿ve aquella eslita 'e tala, pallá de aquel cerrito?. . . Güeno un poquito más pa la izquierda va encontrar la portera, qu'está al laito mesmo 'e la cañada y dispués ya sigue derecho pa arriba por la costa 'el alambrao.
-¿Y no hay peligro de perderse?
-¡Qué va 'aber! Dispués de pasar la portera y atravesar un bajito, va salir a lo 'e Pancho Díaz, aquellos ranchos que se ven allá arriba y dispués deja los ranchos a la derecha y dispués de crusar la cuchillita aquella que se ve allá... ¿no ve ... pacá de aquellos árboles? ... sigue derecho como escupida de rifle y se va a topar la Estancia del coronel Matos enseguidita mesmo.
-Gracias, amigo. Hasta la vista.
-De nada, amigo. Adiosito.
Cambiáronse estas palabras entre dos viajeros, desconocidos entre sí, y a quienes la casualidad había puesto un momento frente a frente en medio de un camino.
Uno de ellos -paisano viejo, vecino de las inmediaciones- se alejó rumbo al Norte cantando entre dientes una décima de antaño; y el otro, joven que trascendía a pueblero y casi a montevideano -no obstante la bota de montar, la bombacha, el poncho, gacho aludo y pañuelo de golilla-, continuó hacia el Sur, castigando al bayo que trotaba por la falda de un cerro pedregoso.
Se estaba haciendo tarde; una llovizna fastidiosa mojaba el rostro del viajero, y un viento frío que corría dando brincos entre las asperezas de la sierra, le levantaba las haldas del poncho, que se le enredaba en el cuello o le cubría la cabeza, obligando a su brazo derecho a continuo movimiento de defensa.
Malhumorado iba el joven, quien, para colmo de incomodidades, luchaba vanamente con el viento por encender un cigarrillo, que al fin hubo de arrojar con rabia después de haber gastado la última cerilla.
-¡Maldito viento! -exclamó fastidiado; y castigó de nuevo su caballo, llegando a poco a la portera que le indicara el paisano. Entonces pudo emprender galope por un llano pequeño, y luego, traspuesta la cuchilla, se topó con la Estancia del coronel Matos, en cuyo galpón se detuvo pocos instantes después, mohíno y mojado.
Estaba anocheciendo.

Ladraron los perros y a poco oyóse una voz gastada, que con el modo de hablar calmoso del gaucho viejo, gritaba:
-¡Juera Talebar! ¡juera Zorro! ¡juera! ¡juera!.. . Pucha perros éstos, si son "corsarios". . . ¡Juera Talebar! ...
Tuvo que tirar una piedra a la perrada embravecida para lograr que callase, o al menos que se apartara un poco y luego, arrastrando las chancletas y poniendo la mano de visera, se fue acercando al recién llegado, observándolo con toda clase de precauciones.
-Buenas tardes, amigo -dijo éste con voz fuerte y bien timbrada.
-Güenas tardes, amigo; abajesé -le contestó el paisano.
Se apretaron las manos. El gaucho con ademán receloso; el joven, con íntima satisfacción.
-¿El coronel Matos está en las casas, amigo?
El viejo contempló atentamente al forastero, se rascó la cabeza y:
-Está, sí -dijo.
Y luego:
-Asigún.. .
-¿Cómo asegún?
-¡Pues! Pal caso estoy yo, que soy el capataz, que es lo mesmo.
-Pero el coronel, ¿está o no está?
-Estar, está.
-Pues entonces tengo que hablarle.
El capataz observó al joven cada vez con más desconfianza; tosió, miró al suelo, y después, con aire resignado aunque no tranquilo.
-¿Que hablarle? ¡Hum! ... En fin, pase pacá.
Y el gaucho echó a andar adelante, moviendo lentamente sus piernas "cambuetas". Cruzaron de un extremo a otro un ancho patio cubierto de pedregullo y llegaron a un rancho largo y negro, cuyas paredes de terrón estaban agrietadas en varios sitios y carcomidas en la base, donde la gramilla crecía lozana.
El joven se detuvo un momento para considerar aquella miserable vivienda, y su mirada pasó rápidamente del muro derruido a la paja negra, escasa y despareja del techo; y a la puerta de mal juntadas tablas de pino blanco, pequeña, sin pintura, llena de grietas, obra del agua y del sol, y cubierta de manchas, obra del barro amasado en el patio en muchos inviernos.
-Pase -murmuró en ese instante el viejo capataz.
El forastero se inclinó para no dar con la cabeza en el marco de la puerta, y apartando con la mano las ramas de una higuera escuálida que se extendía hacia aquel sitio, penetró en el interior de la estancia del coronel Manduca Matos.
Su acompañante, después de lanzarle una mirada recelosa, se alejó al tranco, cavilando en las frases con que iba a empezar su discurso, en la cocina, para enterar a los tertulianos del fogón de la llegada de aquel forastero, "un pueblero que le jedía a tramoya y a cosa sucia". -Yo ya soy ñandú viejo y he llevao muchos sogasos -decía-y me maliseo que este cajetilla es algún inmisario de los dotores que dicen que están haciendo la regolución. Charlan que en la ciudad las papas queman, y que las cosas andan más ajustadas que sombrero 'e colla. Pa mí qu'el mosito viene a hablarle al coronel pa que dentre en el juego; pero ¡golpiá que te van a abrir! se m'iace que se va a topar con el horcón del medio, porque el coronel está arisco y más sobao que manea vieja y no dentra en corral de ovejas ni aunque le trujeran tuito el oro del presidente Santos.
Así filosofando llegóse a la cocina, y al pisar el umbral de la puerta interrumpió la chacota de los seis o siete peones que tomaban mate alrededor del fogón, lanzándoles a boca de jarro esta noticia inesperada:
-¡Muchachos, tenemos regolución!
-¿De endeberas? -preguntaron varios levantándose rápidamente de sus asientos; y el gaucho viejo, inclinándose para agarrar un banquito de ceibo, y con mucha calma,
-Colijo que debe haber--dijo-; este moso que vino no me dentra.
-¿Pero usté olió algo?
-¡Ps! cuasi nada; nada, pero aura van a ver.
Y hallado el principio del discurso y conseguida la atención del auditorio, el viejo paisano dio comienzo a su fantasía bélico-dramática, improvisada durante la travesía del patio.


Previo el saludo de estilo, forastero y dueño de casa se instalaron en sillas de madera tosca, pintadas de verde oscuro con florecitas claras en los travesaños del respaldo.
-Pues sí señor coronel -comenzó el recién llegado-, tengo esta carta para usted; -y le entregó una que con gran cuidado llevaba oculta en la caña de la bota.
Mientras el viejo miraba la letra del sobre e iba luego por las gafas al cuarto inmediato el joven estuvo observando la habitación.
Una pieza bastante grande, que era comedor y sala. Muros negros, de terrón sin blanqueo, porque la mano de cal había desaparecido hacía tiempo, no dejando sino una que otra mancha blanca. Un San Antonio y un San Juan, oleografiados sobre cartón que se continuaba en forma de marco, clavados en la pared del frente; una mesa grande en el centro; una mesita en un ángulo y media docena de sillas que se sostenían con dificultad en el pavimento de tierra, desigual, rugoso, lleno de elevaciones y depresiones.
Entró el viejo, y con gran trabajo logró leer el contenido de la carta. Luego se quitó las gafas, alzó la cabeza, y mirando fijamente al emisario
-Vamos a ver qué es lo que usted tiene que decirme -exclamó.
Entonces el joven, emocionado y un poco confuso empezó a explicarle el objeto de su visita. Díjole en pocas palabras que el país estaba cansado de sufrir la afrentosa tiranía de Santos; que los amigos de Montevideo estaban dispuestos a la lucha; que la revolución era un hecho y que contaban con el patriótico concurso de los caudillos, que, esta vez como siempre, habían de estar dispuestos al sacrificio.
El viejo lo oyó en silencio, y luego, fijando en el mensajero la mirada penetrante de sus grandes ojos negros,
-¡No! -dijo secamente-. Yo no voy.
El joven, que sin duda contaba con aquella resistencia, dio principio a su tarea de convencimiento.
¡Vana tarea! El viejo soldado movía la gran cabeza poblada de larga y abundante cabellera cana, en signo de obstinada negativa, y entonces el mensajero resolvió cambiar de táctica. Bruscamente abandonó sus insinuaciones y le empezó a hacer preguntas sobre el estado del campo y los ganados.
-¿Tomaremos un mate para abrir el apetito? -preguntó Matos.
-De mil amores, coronel.
-¿Dulce o amargo? ...
-Amargo, amargo, coronel; aunque montevideano, también soy oriental.
El viejo sonrió; el joven observó el efecto de su frase y continuó hablando de "bueyes perdidos".
Una "mucamita" preparó la mesa y a poco la cocinera anunció que la comida estaba pronta.
-Arrímese, amigo -exclamó el coronel con el gozo del paisano que ve un asado gordo.
-Con gusto, que el viaje me ha dado hambre -dijo el joven; y quitándose el poncho de verano, se sentó a la mesa, en frente del dueño de casa. La señora y la hija de éste, silenciosas como espectros, sin hacer ruido ni al caminar, ocuparon también sus respectivos sitios. Al lado del joven sentóse el capataz quien seguía mirándole con malos ojos.

Concluida la cena que fue alegre y apreciada, bien que no se compusiera de otra cosa que de un asado de vaca, un gran puchero de espinazo acompañado con "pirón" y un buen vaso de "apoyo", el joven supo hacer hábilmente que la conversación recayera sobre la presunta revolución.
-Ya no se puede más -dijo-; en Montevideo la vida es triste y penosa; pero aquí, aquí ¡ustedes que viven como esclavos del jefe político y sirvientes del comisario! No hay un mozo hábil para el trabajo que no se vea obligado a huir para escapar a la leva. Porque, amigo, ¡si usted supiera lo que pasan los infelices en los cuarteles!
-Se cuentan perrerías -dijo el coronel.
-¡Canejo, si se cuentan! -agregó el capataz.
-¡Uf! Allí los matan a palos, los golpean, los humillan... Yo sé de un desgraciado a quien le dieron treinta mil azotes porque intentó desertarse.
-¡Qué canallas! -exclamó el coronel.
-¡La gran.. pa una puerta! -dijo el viejo haciendo un gran ademán-. ¿Y ése, dejuro, jipió?
-¿Cómo? ...
-Digo: ¿se jue pal otro barrio?
_¡Ah! sí; ¡es claro! Pero eso ya no extraña. Estamos cansados de saber que esos miserables llegan hasta el extremo de arrojar a la fieras a ciudadanos honrados, dignos, trabajadores.. .
El coronel gruñó sordamente; el capataz, inquieto y curioso preguntó:
-¿De adeberas, amigo, hay eso de los fieras?
-¡Y tan de veras!
-¡Bea, amigo, bea! -Y concluyó moviendo la cabeza con aire de asombro:- ¡Yo le asiguro que eso no lo creíba, palabra de honor!
-Hay que creerlo sin embargo. Cada cuartel es una inquisición, un antro horrible donde se conoce toda clase de atentados, ¡donde se humilla diariamente a nuestra patria querida!
-¡Qué gentes! -murmuró sordamente Matos.
-Manga 'e sarnosos! -agregó el viejo.
El coronel tenía el entrecejo fruncido, y, profundamente emocionado, no levantaba la vista de la mesa, en la cual apoyaba los codos.
El mensajero continuó:
—Por eso no me extraña lo que me dice, que todo el gauchaje anda alzado; que la mozada, temerosa de caer en las garras de esos herejes, horrorizada con lo que se cuenta, ha ganado el monte y allí vive reemplazando al jaguareté y al puma y al perro cimarrón, oculta entre los matorrales, haciendo en la noche salidas de alimaña para procurarse un pedazo de carne y regresando luego al monte, que es su protector y su todo; porque el gaucho, amigo coronel, no tiene ya casa, ni propiedades, ni libertad... ¡ni patria! ¡La patria se la han apropiado los bandidos que nos mandan! ...
El joven conmovido a su vez, guardó silencio un instante, y el coronel, pestañando para que no se le cayeran las lágrimas, dio un puñetazo sobre la mesa, diciendo con voz trémula:
-¡Es la verdá, amigo! ¡La pura verdá!
El viejo capitán, lagrimeando, se puso a reliar un pucho de cigarro negro que escapaba de entre sus gruesos y encallecidos dedos de trabajador, que la emoción hacía temblar.
Manduca Matos, viejo gaucho que frisaba en los ' setenta y había tomado parte en todas las guerras y revoluciones del pasado, sentía hervir su sangre de patriota, y el deseo de prestar una vez más su abnegado concurso a la causa de la libertad luchaba contra el propósito de alejarse de toda contienda política, propósito impuesto por las muchas decepciones, que le hicieron juzgar iguales a todos los hombres y todas las causas.
Don Lucas, su capataz, era como su sombra; no tenía más voluntad que la suya y le seguía a todas partes, siempre alegre y decidor, y siempre pronto a entusiasmarse al mentar una campaña enardeciéndose con el recuerdo de la vieja vida de cam-pamento.
El joven, al anotar el creciente entusiasmo del caudillo, continuó con voz vibrante, y en un hermoso arranque romántico:
-No era posible soportar por más tiempo tanto vejamen y tanta infamia. ¡La tierra, regada con sangre por nuestros bravos abuelos en su lucha en-carnizada contra la tiranía, está cansada de sen-tirse oprimida por los déspotas! ... ¡No podemos, los buenos orientales soportar esto, amigo coronel no podemos! Es tanta la infamia, la degradación, la podredumbre oficial; ¡que hasta nuestra bandera, nuestra querida bandera, ha sido pisoteada impunemente, por el extranjero! ¡No! -concluyó el joven, con un gesto amplio y soberbio de patriótica indignación-. ¡No! Por Artigas, por Lavalleja, por todos nuestros bravos caudillos, muertos en servicio de la patria, debemos jurar, ¡lo juramos!, ¡morir o ser libres! ...
Calló el joven, el coronel bajó la cabeza, pensativo, y el capataz revolviéndose en la silla:
-La verdá que nos estamos lambiendo por dir a las cuchillas -dijo-; pero amigo hay que tener en cuenta que laso sobao no lastima, pero asigura...
-Más aseguran y avergüenzan más -replicó el mensajero- los maneadores con que se ata codo con codo al infeliz paisano para ser llevado como mercancía, como bulto, como fardo de lana, a sumergirlo en los cuarteles. -¡Clavao compañero! Y lo pior es que el gauchaje, de puro castigao, ya ni rumbea, y los comesarios lo arrean por delante lo mesmo que a ovejas.
-¡Y sin embargo lo soportan! -dijo con voz enérgica el joven enviado.
El coronel alzó la cabeza y exclamó con acento triste:
-Lo soportamos porque no hay otro remedio. ¿Quiere que dejemos tiradas nuestras haciendas, nuestras casas y nuestras familias, para dir a ha-cernos matar al ñudo?.. .
Al oír estas palabras el mozo se irguió más apenado que colérico, y dejando caer las palabras una a una como gotas de plomo,
-¡Al ñudo! ... ¿-Ha dicho usted al ñudo, señor coronel? ...
-Sí, amigo, al ñudo -contestó el paisano con convicción.
-¿Y a qué llama usted al ñudo, coronel?
-Yo llamo al ñudo cuando sé que esos hombres ban a dir como las reses al matadero: cuando sé que vamo a perder tuito lo que hemo ganao con mucho sudor -si no perdemo el cuero-; cuando sé que los ban a redotar a la fija y que los ban a dejar hundidos pa tuita la siega como dicen.
El coronel había dicho esto con calma, sin asomo de enojo, y, bien al contrario, dejando traslucir la tristeza que le causaba la seguridad de la impotencia.
El mozo que lo había escuchado atentamente:
-Está bien -dijo- sus palabras, coronel, me entristecen mucho; pero debo respetarlas. ¡Paciencia si se deshoja una ilusión más, paciencia! Pero usted, coronel; usted, que tantos méritos adquirídos tiene; usted que tantas veces ha combatido por la patria, usted me va a permitir que le diga que, a ese paso y con esas ideas, no vamos a ningún lado, no llegaremos a ningún puerto. ¡Cómo! ... ¿dice usted que es al ñudo sacrificarse?.. . ¿Y esos compatriotas que viven en los bosques para escapar del martirio, y esos mártires que gimen en los cuarteles, y este país que sufre la más horrible de las afrentas, ¿no son nada?, ¿no valen nada?, ¿no merecen que los hombres de corazón mueran por libertarlos? Y si usted, coronel Matos, si los hombres como usted hablan de ese modo y aconsejan la resignación vergonzosa ¿qué hará la juventud crecida en la sombra de una tiranía? ... ¿Habrá que aceptar la desgracia sin luchar, sin resistir, llorando como mujeres, cuando tenemos brazos de hombres y sangre de bravos? ... ¡Coronel Matos, coronel Matos: cuando la patria agoniza bajo la bota de un déspota, sus buenos hijos deben ir al combate sin medir dificultades, sin contar escollos, sin presentir desastres, y han de alzarse agigantados por el triunfo, o han de caer envueltos en la bandera inmaculada de nuestros amores inmortales!...
Los dos gauchos sintieron una impresión de frío pasar por el cuerpo. El capataz trémulo de entusiasmo, queriendo hablar y sintiendo que la voz se le estrangulaba en la garganta, sólo pudo decir, condensando sus pensamientos, esta palabra:
¡Pucha! ...
El caudillo, con los ojos brillantes, llenos de lágrimas, iluminado el semblante varonil por la fiebre del entusiasmo revolvió con sus gruesos dedos la espesa y enmarañada barba cana. Todo el pasado se agolpó confuso en su cerebro. Vio de nuevo las hordas gauchas, desordenadas y fieras surgir sobre las cuchillas esgrimiendo chuzas y profiriendo amenazas.
Las vio desnudas, fatigadas, hambrientas, descargar sus iracundias sobre el enemigo y vencer al número, a la disciplina, al armamento, a la pericia, con sólo el empuje de su valor y la fiereza de su patriotismo sublime. Saltó de la silla como si le hubieran pasado una corriente eléctrica, apoyó sobre la mesa la ancha mano velluda y dirigiéndose a su capataz, no ya como patrón, sino con la voz clara e imperiosa del jefe que da una orden,
-¡Capitán Lucas Rodríguez -dijo-, empiece a adelgasar mi picaso, y prepárese y avise a los muchachos, porque vamo a dirnos a la última patriada! ...

El capitán Lucas, tembloroso, radiante, salió precisamente agitando el sombrero en la diestra, y antes de llegar a la cocina no pudiendo contenerse, gritó con toda la fuerza de sus pulmones:
-¡Muchachos! ... ¡hay regolución!... ¡Viva la regolución! ...

En el interior del rancho el caudillo había quedado inmóvil, de pie, llenando la pieza con su corpachón alto y robusto como tronco de guayabo. El joven, silencioso y emocionado, se había levantado también. La mujer y la hija del coronel entraron precipitadamente a ver lo que ocurría.
-¡Nada, mujer! -exclamó el caudillo con voz ya serenada.
En seguida fue a un rincón de la pieza, agarró su vieja lanza, aquella lanza gloriosa, sahumada con el humo de tantas batallas y enrojecida con la sangre de tantos enemigos y haciéndola cimbrar como para demostrar que aún tenía fuerzas bastantes para esgrimirla en el combate, agregó, cual si concluyera la frase:
-Está escrito que no había de dejar la osamenta en mi rancho.
¡Sea!

1 de diciembre de 2010

SERIE: CONOCIENDO A UN AUTOR URUGUAYO (4)

Susana Olaondo

Escribe para niños.
Algunos de los libros de esta autora han sido trabajados en el taller de lectura: Felipe, Hay que insistir, Por un color, Julieta, ¿qué plantaste? entre otros.
Esta escritora tiene una gran virtud que es escribir sobre cosas cotidianas que a menudo pasan desapercibidas, justamente por ser cotidianas y que dejamos de observar y valorar.
Así con sus cuentos nos hace pensar en un gato, una luna, una mariposa, etc. y poder trabajar sobre diferentes aspectos, lectura, plástica, música, etc.
Sus cuentos son riquísimos en posibilidades de trabajo.

Nació en Montevideo, en 1953. Es escritora, ilustradora y Técnica en Jardinería, egresada de la Escuela Municipal de Jardinería. Tiene dos hijos. Estudió dibujo, pintura, fotografía, escultura e introducción al lenguaje visual, hizo cursos para docentes de taller de Expresión plástica para niños. Durante años realizó artesanías en papel maché. Participó en varias muestras y exposiciones de ilustradores. En 1990 editó su primer libro y desde entonces su producción literaria no se ha detenido. Actualmente dirige un taller de artes plásticas para niños. Varios de sus libros se han editado en Estados Unidos y Chile.

Esta es su página: http://www.susanaolaondo.com.uy/principalswf.swf

17 de mayo de 2010

SERIE: CONOCIENDO A UN AUTOR URUGUAYO(3)


MARIO BENEDETTI

A UN AÑO DE SU MUERTE

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia, éste era su nombre.
Nació en Paso de los Toros, Uruguay, el 14 de septiembre de 1920 y murió en Montevideo, Uruguay, el 17 de mayo de 2009, más conocido como Mario Benedetti, fue un escritor y poeta uruguayo integrante de la Generación del 45, a la que pertenecen también Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti, entre otros. Su prolífica producción literaria incluyó más de 80 libros, algunos de los cuales fueron traducidos a más de 20 idiomas.
En 1945 se integró al equipo de redacción del semanario Marcha, donde permaneció hasta 1974, año en que fue clausurado.
En 1949 es miembro del consejo de redacción de Número, una de las revistas literarias más destacadas de la época.
En 1964 trabaja como crítico de teatro y codirector la página literaria semanal «Al pie de las letras» del diario La mañana. Colabora como humorista en la revista Peloduro. Escribe crítica de cine en La Tribuna Popular. Vuelve a Cuba para participar en el jurado del concurso Casa de las Américas. Participa en el encuentro sobre Rubén Darío. Viaja a México para participar en el II Congreso Latinoamericano de Escritores.
Junto a miembros del Movimiento de Liberación Nacional - Tupamaros, fundó en 1971 el Movimiento de Independientes 26 de Marzo, una agrupación que pasó a formar parte de la coalición de izquierdas Frente Amplio desde sus orígenes. Benedetti fue representante del Movimiento 26 de Marzo en la Mesa Ejecutiva del Frente Amplio desde 1971 a 1973. Además es nombrado director del Departamento de Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República, de Montevideo.
Tras el Golpe de Estado del 27 de junio de 1973 renuncia a su cargo en la universidad, pese a ser elegido para integrar el claustro.[3] Por sus posiciones políticas debe abandonar Uruguay, partiendo al exilio en Buenos Aires, Argentina. Posteriormente se exiliaría en Perú, donde fue detenido, deportado y amnistiado, para luego instalarse en Cuba, en el año 1976. Al año siguiente, Benedetti recalaría en Madrid, España.
La versión cinematográfica de La tregua, dirigida por Sergio Renán, fue nominada a la cuadragésimo séptima versión de los Premios Óscar en 1974, a la mejor película extranjera.
Vuelve a Uruguay en marzo de 1983, iniciando el autodenominado período de desexilio, motivo de muchas de sus obras. Es nombrado Miembro del Consejo Editor de la nueva revista Brecha, que va a dar continuidad al proyecto de Marcha, interrumpido en 1974.
En 1985 el cantautor Joan Manuel Serrat graba el disco El sur también existe sobre poemas de Benedetti, contando con su colaboración personal.
En 1986 recibe el Premio Jristo Botev de Bulgaria, por su obra poética y ensayística. En 1987 es galardonado en Bruselas con el Premio Llama de Oro de Amnistía Internacional por su novela Primavera con una esquina rota. En 1989 es condecorado con la Medalla Haydeé Santamaría por el Consejo de Estado de Cuba.
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14 de mayo de 2010

SERIE:CONOCIENDO A UN AUTOR URUGUATO(2)


HORACIO QUIROGA(uruguayo)

(Salto, 1878 - Buenos Aires, 1937) Narrador uruguayo radicado en Argentina, considerado uno de los mayores cuentistas latinoamericanos de todos los tiempos.
Las tragedias marcaron la vida del escritor: su padre murió en un accidente de caza, y su padrastro y posteriormente su primera esposa se suicidaron; además, Quiroga mató accidentalmente de un disparo a su amigo Federico Ferrando.
Estudió en Montevideo y pronto comenzó a interesarse por la literatura. Inspirado en su primera novia escribió Una estación de amor (1898), fundó en su ciudad natal la Revista de Salto (1899), marchó a Europa y resumió sus recuerdos de esta experiencia en Diario de viaje a París (1900).
Ya instalado en Buenos Aires publicó Los arrecifes de coral, poemas, cuentos y prosa lírica (1901), seguidos de los relatos de El crimen del otro (1904), la novela breve Los perseguidos (1905), producto de un viaje con Leopoldo Lugones por la selva misionera, hasta la frontera con Brasil, y la más extensa Historia de un amor turbio (1908). En 1909 se radicó precisamente en la provincia de Misiones, donde se desempeñó como juez de paz en San Ignacio, localidad famosa por sus ruinas de las reducciones jesuíticas, a la par que cultivaba yerba mate y naranjas.
Nuevamente en Buenos Aires trabajó en el consulado de Uruguay y dio a la prensa Cuentos de amor, de locura y de muerte (1917), los relatos para niños Cuentos de la selva (1918), El salvaje, la obra teatral Las sacrificadas (ambos de 1920), Anaconda (1921), El desierto (1924), La gallina degollada y otros cuentos (1925) y quizá su mejor libro de relatos, Los desterrados (1926).
Sintiendo el rechazo de las nuevas generaciones literarias, regresó a Misiones para dedicarse a la floricultura. En 1935 publicó su último libro de cuentos, Más allá. Hospitalizado en Buenos Aires, se le descubrió un cáncer gástrico, enfermedad que parece haber sido la causa que lo impulsó al suicidio, ya que puso fin a sus días ingiriendo cianuro.

De CUENTOS DE LA SELVA

EL LORO PELADO AQUÍ

26 de abril de 2010

SERIE: CONOCIENDO A UN AUTOR URUGUAYO(1 )

JULIÁN MURGUÍA - URUGUAYO

"EL HOMBRE EN LA TIERRA" de JULIAN MURGUIA

Mientras tú vas a la escuela, hay un hombre en la tierra.
Mientras tú vas a jugar, o a la playa, hay un hombre en la tierra. Hay un hombre que planta y que ara.
Que siembra y cosecha. Que arrea animales. Que esquila y carnea.
Salvo los pescados, toda la comida que a tu mesa llega, viene de la tierra. El pan y la harina. Porotos, lentejas. Todas las verduras vienen de la tierra. Y también la carne. Y también la yerba.
Para que tú existas y vivas y crezcas, tiene que haber tierra. Para que tú estudies. Para que tú juegues.
Mas la tierra sola, de nada nos sirve sin el hombre en ella.
Todos dependemos del hombre en la tierra.
Tú no jugarías, ni irías a la escuela y no habría ciudades si no hubiera, siempre, un hombre en la tierra".

Julián Murguía.

Narrador, poeta y periodista. Nació en Melo en 1930 y murió en Montevideo en 1995. Ingeniero agrónomo de profesión, residió en Australia y estuvo exiliado en Porto Alegre (Brasil) en los últimos años de la dictadura militar (1981-1984).
Cabe destacar sus esfuerzos por promover el intercambio cultural con el estado de Rio Grande do Sul, que dio lugar a numerosas traducciones de obras de escritores uruguayos, publicadas en Porto Alegre. Con el seudónimo de Martín Ardúa fue autor de textos de canciones que grabaron Tabaré Etcheverry y Alfredo Zitarrosa. Realizó también algunos interesantes audio-visuales: "Ciudad Vieja" y "Viva Saravia". El auge de su producción literaria lo desarrolló en la última década, destacándose sus relatos para niños y jóvenes. Su novela El tesoro de Cañada Seca, una aventura juvenil que tiene como escenario el pueblito imaginario de Cañada Seca, obtuvo varios premios nacionales y fue finalista del Concurso Gran Angular del libro juvenil de la Fundación Santa María, de España, en 1994. Está traducida al portugués por Tabajara Ruas y, al igual que Cuentos del país de los gauchos (traducido al portugués por Sergio Faraco), ha sido reeditada en numerosas oportunidades. Con carácter póstumo apareció Cuentos de las dos orillas, que había sido mención en el concurso "Narradores de la Banda Oriental 1993".

Más información AQUÍ  agradezco la gentileza de un lector anónimo del blog.

El tesoro de Cañada Seca y Cuento de las dos orillas están disponibles para préstamo en nuestra biblioteca.


“El tesoro de Cañada Seca” Es la novela juvenil más premiada en el Uruguay.La obra trascurre en la época actual y en ella dos chicos de 15 años, que estudian en Montevideo, van de vacaciones al campo y encuentran rastros y pistas que datan del siglo XIX y que los llevan, descifrando claves, a una fascinante aventura donde se entremezclan el folclore mágico del Uruguay, una curandera, bandidos y leyendas y por supuesto un tesoro.